Desde el análisis de células hasta el autodiagnóstico, la tecnología trabaja cada día más en colaboración con el sector de la salud.
Hace menos de diez años hubiese sido impensable poder resolver una consulta médica a través de una videollamada y hubiésemos considerado normal perder una mañana entera en una guardia para algo tan simple como diagnosticar una gripe.
La pandemia de covid-19 vino a acelerar procesos que ya estaban en curso, aunque eran incipientes, y nos ayudó a normalizar la incorporación de tecnología en la gestión de la salud pidiendo turnos a bots y nunca más teniendo que ir a retirar un estudio porque todos los resultados están online.
“Antes, la tecnología era un complemento. Hoy es una herramienta sumamente necesaria, indispensable. Cosas que antes nos llevaban mucho tiempo hoy lo podemos acortar un montón y lograr resultados fascinantes”, explica a Más Industrias Natalia Duguech, médica especialista en medicina estética.
“En mi consultorio tengo mucha tecnología de láser y luz pulsada para skin quality. Si podés hacer un plan terapéutico e incorporar tecnología acortás mucho los tiempos y conseguís resultados que no lograrías si no tuvieras tecnología de punta”, explica Duguech, quien trabaja con una máquina que evalúa la calidad de la piel midiendo los niveles de las arrugas y las profundidades de las manchas para así poder estudiar la evolución y las mejoras durante el tratamiento.
Según la consultora internacional Global Market Insights, que valoraba en 2020 el mercado mundial de salud digital en 200.000 millones de dólares, la previsión de crecimiento es que supere los 600.000 millones de dólares para 2027.
Ineficiencias en el sistema de salud
En 2022, además, irrumpió de manera masiva en nuestras vidas la inteligencia artificial (IA) y esa interacción entre la medicina y la tecnología comenzó a sellar su pacto de manera definitiva luego de participar en el desarrollo de vacunas y terapias de ARN mensajero a velocidades sin precedentes.
Como si hubiera alguna duda, Golman Sachs Research resaltó recientemente las oportunidades significativas que el uso de la IA y el aprendizaje automático (ML) tienen en el sector, reduciendo tiempos y costos de producción, disminuyendo los errores de diagnóstico y mejorando la prevención y el tratamiento de enfermedades comunes.
“La necesidad de estas tecnologías está ahí dadas las ineficiencias en el sistema de salud. Se estima que se necesitan más de ocho años y 2.000 millones de dólares para desarrollar un medicamento, y la probabilidad de falla es bastante alta y se espera que solo uno de cada diez candidatos obtenga la aprobación regulatoria. La IA, incluida la IA generativa, se encuentra entre las tecnologías que tienen el potencial de crear medicamentos más seguros y eficaces y de optimizar la atención personalizada”, comentó Salveen Richter, analista principal del sector de biotecnología de los Estados Unidos en Goldman Sachs Research, uno de los autores del informe.
Detección temprana y autodiagnóstico
En la Argentina y en el mundo, la IA ya está siendo utilizada para el desarrollo de fármacos y para realizar diagnósticos en los que la recopilación de datos de otra manera sería costosa. Un algoritmo de aprendizaje profundo puede resolver en segundos un problema que podría llevar décadas. También se aplica en áreas como la radiología, la patología y el monitoreo de pacientes.
Otras aplicaciones involucran la captura de imágenes digitales, el análisis de células, el monitoreo de signos vitales junto a una cama y advertencias predictivas para incidentes en los que puede ser necesaria una intervención médica, según el citado informe de Goldman Sachs Research.
La IA mejoró las pruebas genómicas, la detección temprana de enfermedades cardiovasculares, diabetes y cáncer de piel, permitió avanzar en el diagnóstico y tratamiento de enfermedades mentales y neurodegenerativas y en la investigación de medicamentos y tratamientos personalizados, sin hablar del seguimiento de los pacientes con aplicaciones, biomarcadores y software.
Las grandes empresas tecnológicas también están participando como proveedores de soluciones en la nube y el desarrollo de dispositivos portátiles, modelos predictivos y atención virtual, mientras que la impresión 3D ya permite ensayar y planificar intervenciones, reduciendo el tiempo y los riesgos asociados, e imprimir prótesis o material médico que contribuya a la personalización y facilite su disponibilidad.
La tecnología también avanza de la mano de los pacientes para el propio autodiagnóstico, que pueden realizar los relojes inteligentes, los auriculares que detectan posibles cambios en los oídos o los “SkinKit” que monitorean los latidos del corazón. Del mismo modo, hay sistemas que estimulan el desarrollo muscular, el movimiento ocular y la actividad cerebral.
Ya lo estamos experimentando y la velocidad de estos cambios, tanto en la investigación científica como en la práctica médica y en el propio cuidado del cuerpo, se sigue acelerando. Todo parece indicar que ya no hay vuelta atrás para la convergencia entre tecnología y salud.



