Viviendo en su tierra natal, en Santa Fe, el histórico goleador administra más de 20.000 hectáreas en Santa Fe mientras apuesta por la modernización del agro.
Gabriel Batistuta fue uno de los goleadores más recordados de todos los tiempos, con una trayectoria que incluyó River, Boca, Newell’s, la Seria A italiana y la Selección Argentina. Luego del retiro, logró algo que le suele costar a muchos futbolistas: reconvertirse y tener éxito también fuera de la cancha, en el mundo empresarial.
Más allá de algunas incursiones casuales en el periodismo y las transmisiones deportivas, lo cierto es que “Bati” hace tiempo que su sitúa lejos de las canchas y los gritos de gol que tantas veces festejó. Hoy se encuentra instalado definitivamente en Reconquista, su ciudad natal, al norte de Santa Fe.
Allí, pasó de ser una referencia en el área rival a una en el sector productivo agropecuario, combinando la tradición local del trabajo rural con la incorporación de tecnología de punta.
El exfutbolista, que colgó los botines oficialmente en 2005, decidió volcar su energía en la administración de alrededor de 20.000 hectáreas en territorio santafesino. Su modelo de negocio no es estático; se basa en una diversificación estratégica que le permite amortiguar las fluctuaciones económicas y climáticas propias de la actividad. Actualmente, sus campos se especializan en la producción de cultivos clave para la balanza comercial argentina, como la soja, el maíz y el girasol.
Sin embargo, su perfil empresarial no se agota en la agricultura. Batistuta también desarrolló un sólido esquema ganadero, enfocándose en la cría de bovinos y el mejoramiento constante de pasturas. Según allegados al sector, el exgoleador se caracteriza por un estilo de gestión extremadamente activo: no se limita a recibir balances, sino que se involucra de manera directa en la toma de decisiones y en la inversión de maquinaria de última generación para optimizar los rendimientos de cada hectárea.
En diversas apariciones públicas vinculadas a eventos del sector, Batigol defendió con énfasis el rol de los productores rurales como el principal motor económico del país. Para él, esta transición no fue únicamente una oportunidad financiera, sino una elección de vida que le permite trabajar en contacto permanente con la tierra, lejos de la presión mediática que marcó sus años de gloria deportiva.
La consolidación de Batistuta como empresario también tiene un fuerte componente de compromiso regional. Su presencia en Reconquista no solo genera empleo directo en sus establecimientos, sino que también impulsa la demanda de servicios especializados en una zona donde el agro es el eje central de la comunidad. Su apuesta por la tecnificación refleja una visión moderna del campo, donde la eficiencia y la innovación son las herramientas para competir en mercados globales.
A pesar de que su figura sigue siendo un imán para las marcas internacionales y los eventos de leyendas del fútbol, su agenda diaria está hoy marcada por los ciclos de la siembra y la cosecha. Con la misma potencia que enfrentaba a los arqueros rivales, el Bati enfrenta los desafíos que el mundo empresarial y del agro le ponen por delante.



