La iniciativa, que obtuvo financiamiento del IPCVA, apunta a mejorar la planificación de diques y terrazas de nivel mediante el uso de herramientas tecnológicas de precisión que permitan una agricultura y ganadería más eficiente.
A través del trabajo multidisciplinario entre el Departamento de Agronomía de la Universidad Nacional del Sur (UNS) y de la Agencia Bahía Blanca de la Estación Experimental Agropecuaria del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA Bordenave) se logró la adquisición de un dron multirotor, por parte del Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (IPCVA), con el objetivo de elaborar un sistema de información topográfica que permita infiltrar mayor cantidad de agua en los suelos de los establecimientos rurales en épocas de bajas precipitaciones y disminuir daños en momentos de lluvias torrenciales, ajustando mejor los sistemas de producción a las características de volatilidad de las lluvias de nuestra región.
En ese sentido, Más Industrias dialogó con el Dr. Carlos Torres Carbonell, miembro del INTA Bordenave e investigador y docente del Departamento de Agronomía de la UNS, quien aseguró que “el suceso de la inundación ocurrida en Bahía Blanca puso en relieve la necesidad de profundizar el trabajo en la gestión de agua en los campos”.
“Es necesario promover las obras de terrazas en curvas de nivel en sectores rurales para retener el agua de lluvia y lograr que, en las zonas de pendiente, el agua baje más lento, logrando además reducir los efectos de aluvión como el que tuvimos en Bahía Blanca”, agregó.
De igual modo, según explicó el especialista, esta iniciativa busca poder aumentar la producción, al evitar que el agua escurra en el mar y, en cambio, quede retenida en los suelos, permitiendo un mayor rendimiento de los cultivos.
Equipamiento de alta tecnología
El dron multirotor posee sensores RGB y multiespectrales, sistema RTK y software específico de procesamiento, lo cual permite una mayor precisión en las mediciones. “Por ejemplo en 100 hectáreas de lote es posible disponer con mucho trabajo manual de un nivel de precisión cada 50 metros”, señaló Carbonell y agregó que “el dron por sí solo tiene un margen de error menor a un metro, pero gracias a la estación satelital que viene incorporada dicho margen se reduce a 2cm”.
Así también, el equipo cuenta con cámaras fotográficas que permiten tomar imágenes de 1cm por 1 cm, volando con el dron a 60 metros de altura lo cual es prácticamente imposible hacerlo con una óptica manual.
Por otra parte, además de la reducción de costos, la implementación de este tipo de tecnología en los trabajos de investigación optimiza enormemente los tiempos operativos. Así, Carbonell explicó que “durante las etapas iniciales de piloto se lograron hacer 100 hectáreas en 20 minutos. En caso de haberlo hecho manualmente probablemente nos hubiese demorado unas tres semanas”.
Orígenes del proyecto y puesta en marcha
La iniciativa surge del trabajo conjunto entre el Departamento de Agronomía de la UNS y el INTA Bordenave, a partir de la presentación de un proyecto en un concurso impulsado por el IPCVA. La propuesta resultó ganadora y obtuvo un aporte de 17 millones de pesos destinado a la adquisición del dron.
“En diciembre de 2025 recibimos el equipo e hicimos el vuelo inaugural junto con autoridades del INTA, UNS y el IPCVA. Actualmente venimos trabajando en capacitaciones de pilotaje y funciones de vuelo”, contó Carbonell.
Según el especialista, durante el mes de enero comenzaron a realizar las primeras calibraciones de investigación en campos experimentales, entre ellos uno de los campos que fue mayormente afectado por la inundación en marzo del 2025.
La etapa inicial del proyecto consiste en el relevamiento de información mediante el uso del dron, con el fin de obtener datos precisos del terreno. Con esa información se diseñan los modelos topográficos y se planifican los diques y terrazas de contención que luego se ejecutarán en el campo.
Así durante el invierno, época con menor cantidad de lluvias, esos datos topográficos se cargan en un tractor equipado con banderillero satelital, el cual guía los movimientos de suelo de manera precisa y eficiente, siguiendo el diseño previamente elaborado.
Para esta primera etapa se propusieron 5 campos piloto: tres de productores privados, el campo experimental INTA Bordenave y la Chacra Experimental de Napostá MDA-UNS. “La idea es poder recabar la mayor cantidad de datos de esos campos distribuidos de manera uniforme y a partir de ahí realizar un trabajo de investigación profunda que permita en un futuro a las empresas privadas poder implementar la misma metodología a escala”, finalizó Carbonell.




