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Las nuevas generaciones fueron gestando formas propias de estar y compartir, y las relaciones laborales no escapan a esta realidad: la cultura colaborativa fue acompañada por la innovación en infraestructuras para dar cumplimiento a las demandas de trabajar y, a la vez, formar parte de una comunidad. Más Industrias conversó con el Arquitecto Darío Tobal sobre coworking y los actuales desafíos a enfrentar.

Arquitecto Darío Tobal.

En muchos lugares del mundo no es una oferta nueva, WeWork es uno de los ejemplos más resonantes. Estos espacios se volvieron una pieza clave del ecosistema de emprendimiento, en donde start-ups, freelancers, clientes, proveedores y empresas conviven y generan sinergia

¿Cómo definirías a los coworking locales?
Principalmente son espacios compartidos o colaborativos en donde se generan relaciones con otras profesiones. Son ámbitos de contención para el emprendedor o freelancer, es decir, a través del coworking se logra satisfacer la necesidad humana de relacionarse, donde se fortalece el aprendizaje no solo a nivel técnico sino también personal y social. Se escucha mucho la frase “trabajo en mi casa para abaratar costos”, pero ¿de qué nos perdemos al tomar esta decisión? Desde la optimización y productividad del tiempo, hasta lograr mayor cantidad de clientes ya que estos espacios permiten multiplicar ideas, proyectos y mercados. Desperdiciamos un espacio de contención a partir de la experiencia, de compartir vivencias y anécdotas.

También es común que los equipos de coworkers realicen reuniones informales para el planteo y desarrollo de objetivos de cada integrante, y así quedan inmersos en un proceso de capacitación continua. Es necesario remarcar que aquí se suman diversas empresas para trabajar en proyectos, por ello se habilita la posibilidad de brindar servicios integrales, lo que significa un trampolín para cualquier negocio personal. Entonces, flexibilidad de horarios, mayor concentración y productividad, una imagen más profesional para los clientes, contactos que se generan con los demás trabajadores, desarrollo de proyectos en conjunto y crecimiento profesional son algunas de las cuestiones que se perderían al decidir trabajar desde la propia casa.

¿Hay requisitos en cuánto a temáticas o modalidad de participación?
Suelen formar parte de los coworking profesionales o especialistas muy variados en cuanto perfiles: fotógrafos, community manager, consultores, administradores de empresas, abogados, arquitectos, desarrolladores de contenidos, diseñadores gráficos, relaciones públicas, diseño industrial y muchos más de acuerdo al lugar en donde se desarrollen.

Las realidades laborales son muy variadas en la actualidad, por ello en cuanto a los horarios se alquilan espacios full time, part-time, o se arman paquetes personalizados, por determinadas horas, o días de la semana. Cada espacio focaliza hacia un público diferente y brinda distintos servicios de valor agregado que son determinantes al momento de elegir un coworking para trabajar: salas de exposición, eventos, salas de conferencia y reuniones, realización de cursos y talleres. Algunos contienen espacios para conectar dispositivos móviles, scanner o fotocopiadoras, domicilio para recibir correspondencia, espacio para guardar archivos, entre otras prestaciones usuales.

Lo que une a todas estas modalidades es que son espacios físicos enfocados en la creatividad, innovación e interrelación entre miembros.Además, que no hay límites de edad, profesión ni oficio. Quién se suma a estos espacios es porque busca desarrollarse, crecer, aprender y mejorar su calidad de vida.

Es un concepto nuevo, y en algunos casos surge la pregunta ¿cómo voy a compartir espacio con alguien de mi misma profesión?
El foco en estos espacios no está en la competitividad, sino en la colaboración, el conocimiento compartido y la dinámica es basada en la confianza. Esa interacción y red que se genera permite brindar un servicio de mayor profesionalidad o magnitud para todo tipo de empresa. Recordemos que el beneficio o rédito no está en el alquiler en sí, sino que el fuerte es el potencial de los proyectos generados, en mejorar el servicio al cliente. La cultura colaborativa marca el camino hacia la evolución de cualquier emprendimiento, ya que posibilita prepararse para dar el servicio que los clientes necesitarán en el futuro, anticipado por los mismos creadores de ese futuro.

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