Cargill paralizó sus plantas en Santa Fe y Bahía Blanca

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La multinacional Cargill paralizó sus plantas de molienda ubicadas en la localidad santafesina de Villa Gobernador Gálvez y en la ciudad bonaerense de Bahía Blanca, en las cuales procesa oleaginosas. La decisión esconde el recrudecimiento de un conflicto que la filial argentina de este grupo norteamericano viene sosteniendo con el gremio de los aceiteros y que tiene como origen el despido de varios de los trabajadores que prestaban servicio en esos establecimientos.

Según un comunicado de Cargill, la interrupción de las operaciones se fundamenta en las “condiciones inseguras de trabajo que se vienen dando desde el 16 de marzo en las plantas de molienda de Villa Gobernador Gálvez y Bahía Blanca”. De hecho, a pesar de que el cierre de las operaciones se debe a una determinación propia de la compañía, el personal de ambas plantas será licenciado, en principio, hasta el próximo 10 de abril y sin goce de haberes.

En el comunicado, la multinacional hace referencia varias veces a que su prioridad es “la seguridad del personal, de las operaciones y de las comunidades en donde estamos presentes”. Y responsabiliza de este lock out patronal a “los paros no programados que se suceden de forma frecuente e intermitente en distintas áreas de trabajo, que nos impiden operar en condiciones seguras y por eso nos vemos obligados a tomar esta decisión”.

Asimismo, informa que está presentando varias denuncias y ante las autoridades laborales y organismos de control correspondientes. Según el comunicado, los reclamos y protestas gremiales causaron más de 80 paradas operativas en lapsos temporales variables entre 1 y 12 horas. Como origen del conflicto, Cargill admite el despido de 33 operarios de Villa Gobernador Gálvez y de la planta de Punta Alvear y uno de Bahía Blanca. Pero aclara que no hubo posibilidades de acuerdos y que se vencieron los plazos legales determinados por las autoridades laborales nacionales y provinciales.

“El objetivo de dicha medida no es la tercerización, ni la eliminación de puestos de trabajo, sino el reemplazo de colaboradores por otros con características y perfiles adecuados para garantizar la continuidad de las operaciones de un modo seguro y acorde a los nuevos desafíos del negocio”, agrega el comunicado de la empresa a modo de argumento sobre los motivos de los despidos.

Los problemas entre la multinacional y parte de su personal en Argentina comenzaron en los primeros días de enero, cuando sus ejecutivos tomaron la decisión de iniciar un proceso de desvinculación de personal y de retiros voluntarios con ofertas que fueron rechazadas por los trabajadores. En ese momento, intervino el sindicato de aceiteros y la disputa recrudeció a tal punto que obligó al Ministerio de Trabajo de la provincia de Santa Fe a tomar cartas en el asunto, decretando la conciliación obligatoria que ya venció a mediados de marzo sin haber logrado resultados positivos. El sindicato y el personal comenzaron entonces una serie de paros sorpresivos en las plantas afectadas que se aceleraron tras el envío de más telegramas de despidos.

Cargill inició sus operaciones en Argentina en 1.947 desarrollando actividades de procesamiento y comercialización de productos y servicios alimenticios. En la actualidad emplea a más de 2.900 trabajadores, 52% de los cuales se encuentran en la provincia de Santa Fe, donde el conflicto parece no tener por ahora solución.

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